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El sábado 21 de octubre por la tarde, en la Iglesia de Tenerife Sur, celebramos la Santa Cena. Como es de costumbre cada trimestre, iniciamos con el rito de humildad, (lavamiento de pies), y continuamos con un tema centrado en la profecía de las dos mil trescientas tardes y mañanas, presentado por el Pastor Misael Delgado.

La exposición del tema se desarrolló de forma amena, ya que entre nosotros había amigos que nos visitaban y nuevos miembros que aún no están familiarizados con las profecías. Se dio un espacio para preguntas y respuestas. Esto fue esencial para introducirnos en el siguiente tema, donde se escenificó una reunión de los pioneros que forman parte de nuestra historia adventista; Jaime White, Elena G White, Guillermo Miller y Joseph Bates. Nuestros hermanos se vistieron con ropas propias del momento, y se recreó una estancia de la época, llegando a impactar en los corazones de los que allí se encontraban.

Cada personaje contó su experiencia personal, de cómo esperaron la segunda venida del Señor en una fecha determinada, (22 de octubre de 1844). Y como, transcurrida esa fecha, sin ningún hecho relevante, desconcertados, algunos abandonaron su fe. Otros resolvieron seguir estudiando y profundizando en el estudio de la Palabra, con espíritu de oración, siempre aferrados al deseo del pronto regreso de Jesús.

Se contó la historia de cómo fueron impulsados por el Espíritu Santo para compartir la verdad presente a otros, y la manera en que Dios los dirigió en esta noble causa.

Santa Cena

El programa finalizó con la Santa Cena, dirigida por los diáconos, diaconisas y ancianos de nuestra iglesia. Un momento solemne en el que renovamos nuestro pacto con Dios, recordando lo que hizo por nosotros en la cruz del calvario, dando su propia vida como sacrificio vivo.

Antes de esta visión del clamor de medianoche ocurrida en diciembre (solo unas pocas semanas después de su gran chasco), Elena Harmon, junto con muchos otros milleritas desanimados, había llegado a la conclusión de que habían estado equivocados, esto es, que el cumplimiento de la profecía de los 2.300 años, el cierre de la puerta de la parábola del Esposo (Cristo), etc., estaban todavía en el futuro. Esta primera visión convenció a Elena (sin ninguna indicación de una puerta cerrada para todos los que vivían el 22 de octubre de 1844) que el pueblo de Dios estaba en el comienzo de nuevas responsabilidades, no en el fin de todas las cosas. Unas pocas semanas más tarde, Elena tendría su segunda visión pública.

Autora: Bárbara Rodríguez, responsable de comunicaciones de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Tenerife Sur.

Revista Adventista de España