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DÍA 12: AUTOEXAMEN DE PERMANENCIA

El primer y más importante deber de la persona que quiere tomar en serio su caminar diario con Cristo es hacer su autoexamen de permanencia. «Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados!» (2 Corintios 13:5).

Solamente seremos lo que Cristo desea que seamos si él está en nosotros. Ese es el mensaje del apóstol Pablo a los creyentes de Corinto. Cristo es nuestro parámetro, modelo y referencia. El llamado es que nos desprendamos de todo lo que nos impide llegar a Cristo, y que lo aceptemos como nuestro Salvador personal.

Ningún sacrificio que debamos realizar supera la experiencia de estar cada día con Cristo. Cuando lo aceptamos como nuestro Salvador, él se transforma en nuestra mayor riqueza, y nada debe sacarlo del primer lugar en nuestra vida. Fue él mismo quien dijo: «¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?» (Mateo 16:26).

El precio de la permanencia

El blanco que pretendemos alcanzar es permanecer conectados, desde lo íntimo del corazón, a la Vid. Eso tiene un precio diario. No es solamente el precio del conocimiento de la tradición, la teología y la doctrina. Los líderes religiosos de los días de Cristo se apegaban al conocimiento doctrinal. Creían que por saber las leyes y subdividirlas en sus seis categorías ya era suficiente; pero la forma en que recibieron a Cristo demuestra que necesitaban algo más que mero conocimiento intelectual.

Necesitamos conocer más que la letra de la Biblia. Necesitamos caer sobre la Roca, que es Cristo, para que podamos recibir lo esencial para un saludable desarrollo espiritual. Sin ese encuentro habitual con nuestro Salvador, por medio de su Palabra, quedamos a la deriva, perdemos el punto de referencia. Sin la orientación y guía de la Palabra no hay cómo saber, con seguridad, el camino.

El precio que debemos pagar es dedicar tiempo cada día para llenarnos de la Palabra, y el Espíritu Santo procesará todo y nos convencerá de pecado, de justicia y de juicio.

La recompensa de la permanencia

Se presenta nuestra obra diaria y de cada hora en las palabras del apóstol: «Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús» (Hebreos 12:2). Mientras hagamos esto, nuestro intelecto se esclarecerá, nuestra fe se fortalecerá y se confirmará nuestra esperanza; nos embargará de tal manera la visión de su pureza y hermosura, y el sacrificio que ha hecho para ponernos de acuerdo con Dios, que no tendremos disposición para hablar de dudas y desalientos» (Elena G. de White, Joyas de los Testimonios, t. 2, p. 341).

Para reflexionar: «El estudio de las Sagradas Escrituras es el medio divinamente instituido para poner a los hombres en comunión más estrecha con su Creador y para darles a conocer más claramente su voluntad. Es el medio de comunicación entre Dios y el hombre» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 66).

Desafío para hoy: Realiza un autoexamen de permanencia. ¿Cuán conectado estás con Dios? ¿Comienzas el día entregándote a él? ¿Mantienes una conversación con él a lo largo del día, y le consultas antes de tomar decisiones grandes o pequeñas?

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