DÍA 9: COMUNIÓN: EL SECRETO DEL PODER
Hoy nos adentramos en algunos conceptos sobre mayordomía. Entender correctamente la mayordomía cristiana es fundamental para pensar y actuar bíblicamente en el mundo materialista y secularizado en que vivimos.
La enseñanza y la práctica de la mayordomía cristiana están fundamentadas en el proceso de entrega diaria de la vida a Dios. Sin una relación y comunión con Dios, los principios y valores de este ministerio chocan con la visión secular. Identifiquemos, entonces, tres mitos que han crecido en la Iglesia sobre la mayordomía.
Mito #1: La mayordomía solo tiene que ver con dinero
La mayordomía cristiana es el señorío de Cristo en la vida. Es un estilo de vida, un asunto del corazón; y aunque es cierto que involucra un asunto financiero, no se limita exclusivamente a esa área. Para el creyente, el dinero está relacionado con la adoración, mientras que para el no creyente está relacionado con el materialismo y el consumismo. Por tanto, decir que la mayordomía cristiana tiene que ver solamente con mi dinero no es una forma bíblica de pensar.
Una cosa debe estar bien clara en nuestra mente: el centro de la cuestión no es solamente el dinero, sino a quién vamos a adorar con lo que somos y con lo que tenemos.
Mito #2: Yo sostengo la iglesia con mis diezmos y ofrendas
Los diezmos y las ofrendas son del Señor y deben devolvérsele como un acto de adoración y gratitud: «Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad» (Salmos 96:8-9). La prerrogativa de qué hacer o no con esas dádivas es de él.
Por lo tanto, no somos nosotros los que sostenemos la iglesia. Dios es el gran sustentador y mantenedor de la iglesia. Es el Dios soberano que cuida de su iglesia.
Mito #3: La fidelidad es un negocio con Dios
¿Devolvemos los diezmos y las ofrendas para ser bendecidos o porque ya fuimos bendecidos? ¿Qué viene primero, los diezmos y las ofrendas o la bendición?
Primero, Dios manda la bendición. A aquellos que ya desarrollaron el hábito de buscar a Dios en la primera hora de cada mañana les es natural separar también el dinero que le pertenece al Señor antes de afrontar cualquier otro compromiso. Ellos piensan: «Todo lo que tenemos viene de Dios. No podemos desconocer a Aquel que nos otorga día tras día la vida, la salud, la inteligencia, la habilidad y la disposición para trabajar. Recibimos toda clase de bendiciones: empleo, ganancias, familia, propiedades. Y lo más importante de todo, el conocimiento del evangelio y la esperanza de la vida eterna en Cristo».
Para los que andan con Dios diariamente, diezmar y ofrendar son maneras de reconocer que todo viene de Dios. Con un espíritu de adoración, se vuelven hacia el Edén y hacia el Calvario con un profundo sentimiento de reconocimiento, adoración y gratitud.
Repaso de principios básicos
Recordemos los cinco principios básicos que hemos desarrollado en estos primeros días:
- Dios tiene un programa diario para mi vida. Puedo descubrirlo estudiando su Palabra, en la primera hora de cada mañana. Es importante que los primeros pensamientos del día estén conectados con el Creador, ya que le darán el enfoque a todo el día.
- Me encuentro con Dios tal como estoy al levantarme. No me dejaré llevar por la tentación de hacer primero las cosas comunes y, si queda tiempo, concentrarme en las especiales.
- Devuelvo mis diezmos y ofrendas en adoración a Dios. Él es digno de mi gratitud y adoración. No los devuelvo para ganarme su favor ni para mejorar mi iglesia.
- Dios puede perdonar mi ignorancia, pero no acepta mi falta de sinceridad. No podemos obedecer ni comprometernos con aquello que no conocemos. Pero una vez que conocemos la verdad, tenemos la obligación de actuar con sinceridad.
- Cada día me entrego a Dios y decido glorificarlo. La salvación es por un día. Cada mañana debo consagrarme al Señor y actuar como si volviera hoy mismo. No tenemos asegurado el mañana. Hoy debo ser un mayordomo fiel.
Para reflexionar: «Dios extiende su mano sobre los diezmos tanto como sobre los donativos y las ofrendas, y dice: «Esto me pertenece. Cuando os confié mis bienes especifiqué que una parte debía ser vuestra, para suplir vuestras necesidades, y otra porción debía devolvérseme»» (Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 50).
Desafío para hoy: Reflexiona un poco más sobre el Mito #1. ¿Qué otros aspectos de tu vida debes administrar para Dios? ¿De qué forma práctica puedes poner a Dios en el primer lugar de tu vida, en el contexto de la mayordomía?


