DÍA 7: FORMACIÓN ESPIRITUAL
La formación espiritual, o el discipulado, es el movimiento de la vida entera en la dirección de Dios. Es abrir cada área de la vida a una relación íntima con Dios, y someterse a su voluntad. Es, en definitiva, un proceso que dura toda la vida.
La formación espiritual involucra, además, cuatro elementos clave. Analicemos qué implica cada elemento y cómo integrarlo en nuestra vida.
La visión
En gran parte, la visión que tenemos de Dios hoy es la suma de todos nuestros encuentros regulares con él. Día tras día conocemos nuevas verdades y facetas de su carácter. Así, comprendemos mejor quién es él y qué quiere hacer en nosotros y a través de nosotros.
Para integrar la visión: (1) estudia el ejemplo de vida de personas cuyas vidas muestran la obra de Dios; (2) medita en la vida de Cristo; (3) habla con Dios como con un amigo; (4) memoriza textos bíblicos.
El evangelio
Simplemente, son las buenas nuevas de lo que Cristo hizo, hace y hará por nosotros. Incluye, además, comprometernos y aplicar el evangelio en todas nuestras relaciones.
Para integrar el evangelio: (1) acepta que Jesús murió por ti; (2) acepta que Dios te ama con amor incondicional; (3) estudia las verdades del evangelio; (4) acepta que la salvación es por gracia divina.
El señorío
Incluye la idea de sumisión a Jesús como el Señor de todas las áreas de mi vida: espiritual, física, emocional, social, familiar, financiera, etc. Entendemos, por tanto, que Dios es el Señor de todo y que está al control de lo que somos, tenemos y hacemos.
Para integrar el señorío: (1) ora para que el Espíritu Santo te muestre qué hacer; (2) haz de Cristo la prioridad al tomar decisiones; (3) pregúntate qué diferencia hace Jesús en tu vida, y qué diferencia haría la presencia visible de Jesús en las decisiones que tomarías hoy.
La presencia
Se trata de integrar a Dios en cada momento de nuestra vida. Al contemplarlo, Dios nos transforma: cuanto más tiempo pasamos en su presencia, más nos transformará él a su imagen.
Para integrar la presencia: (1) acepta la promesa de Cristo de que está contigo cada día (Mateo 28:20); (2) acepta la realidad de la presencia del Espíritu Santo (Juan 14:15-20); (3) separa un lugar para Dios en tu vida diaria; (4) experimenta la práctica de la presencia de Dios.
Cuando integramos estos elementos —visión, evangelio, señorío y presencia— a nuestra vida, nuestra unión con Cristo crece y se desarrolla. El enfoque, en todo caso, siempre está en la Cruz, la revelación más completa de Dios.
Para reflexionar: «Los que concentran su estudio en la Palabra de Dios, los que excavan en busca de los tesoros de la verdad, apreciarán los importantes principios que enseña, y los asimilarán. Como resultado de ello llegarán a estar imbuidos con el Espíritu de Cristo, y mediante la contemplación serán cambiados a su semejanza» (Elena G. de White, Alza tus ojos, p. 101).
Desafío para hoy: Vuelve a leer las ideas prácticas con las que puedes crecer en tu formación espiritual, elige una y ponla en práctica hoy mismo.


