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DÍA 4: HOY ES EL DÍA DE SALVACIÓN

Repasemos los dos principios clave que hemos estudiado hasta aquí:

  1. Dios tiene un programa diario para nuestra vida.
  2. Debemos conectarnos con Dios apenas nos levantamos, así como estemos.

Cada día es una oportunidad que Dios nos da para que permanezcamos salvos; diariamente necesitamos una porción del poder que viene de lo Alto. En las primeras horas de cada mañana debemos renovar la salvación en Cristo, para vivir como santos durante ese día. Ese fue el estilo de vida del Salvador cuando estuvo entre nosotros. Necesitamos, como nunca antes, seguir su ejemplo de comunión.

Sin el recibimiento diario del poder que viene de la Palabra no conseguiremos vivir un cristianismo auténtico, pues solamente quienes renuevan su entrega diaria al Salvador reciben poder para ser hijos de Dios auténticos y verdaderos. Si no proyectamos en primer lugar el poder de Dios en nuestra vida, nuestra voluntad carnal nos controlará.

Y ¿por qué el hoy es tan importante? Dios dice: «En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido» (2 Corintios 6:2). Ese «tiempo aceptable» es ahora. ¡Hoy es el día de salvación! Además, considera lo siguiente.

La muerte

Inevitablemente, y hasta que Cristo vuelva, corremos peligro de morir en cualquier momento. No tenemos asegurado el próximo segundo de nuestra vida. Así, debemos estar aferrados a Dios todos los días, con la seguridad de su salvación y la esperanza de la vida eterna con él.

«Debiéramos considerar que nuestra vida transcurre rápidamente, que no estamos seguros ni un momento, a menos que nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios» (Elena G. de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 222).

El fin del tiempo de gracia

Como adventistas creemos y enseñamos que nadie sabe cuándo terminará el tiempo de gracia. Pero lo importante no es cuándo será, sino qué estamos haciendo hoy para permanecer en la gracia del Señor. Así, debemos encarar cada día como el más solemne y sagrado.

La palabra profética dice: «Dios no nos ha revelado el tiempo cuando terminará este mensaje o cuando el tiempo de gracia llegará a su fin. Aceptemos las cosas reveladas para nosotros y para nuestros hijos, pero no procuremos saber lo que ha sido mantenido secreto en los concilios del Todopoderoso» (Elena G. de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 224).

El regreso de Jesús

Jesús nos prometió: «Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis» (Juan 14:3). «¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12).

No dijo cuándo vendría: «Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre» (Mateo 24:36). «Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor» (Mateo 24:42).

¿Estás velando y orando? Hagamos de esto nuestra prioridad cada mañana. Durante estos 40 días tenemos el desafío de desarrollar o reforzar este hábito y darle a Dios el primer lugar de nuestros días.

Para reflexionar: «La verdad de Dios recibida en el corazón puede haceros sabios para salvación. Al creerla y obedecerla, recibiréis gracia suficiente para los deberes y las pruebas de hoy. No necesitáis la gracia para mañana. Debéis comprender que habéis de tratar tan sólo con el día de hoy. Venced hoy; negaos a vosotros mismos hoy; velad y orad hoy. Obtened victorias en Dios hoy. Nuestras circunstancias y el ambiente que nos rodea, los cambios que se realizan diariamente alrededor nuestro y la Palabra escrita de Dios que discierne y prueba todas las cosas, éstas son cosas suficientes para enseñarnos nuestro deber, y precisamente lo que debemos hacer día por día» (Elena G. de White, Testimonios para la Iglesia, t. 3, p. 365).

Desafío para hoy: Medita en las tres razones que mencionamos hoy sobre por qué el hoy es tan importante. ¿Cuál de ellas te moviliza más? ¿Cómo puedes ser más consciente de lo importante que es cada día? Escribe dos ideas.

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