DÍA 2: UN PROGRAMA DIARIO
Hoy analizaremos otros tres aspectos sobre nuestra relación con Dios:
- Dios nos creó como una de sus preciosidades.
- Nos proveyó salvación para cada día.
- Estableció además un programa diario para nuestra vida.
Somos joyas creadas por Dios
Antes de que existieran tus padres y abuelos, Dios ya te imaginaba. El Creador tomó la iniciativa de crearte; exististe primero en la mente de Dios. «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas» (Salmos 139:16).
Dios te amó antes de que nacieras. Te creó según sus patrones. Eres maravilloso, espléndido, hermoso. El salmista escribió: «¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria? […] Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra» (Salmos 8:4-5). Somos hermosos, pues todos existimos dentro del criterio de belleza de Dios. Y si Dios nos creó así, ¿quiénes somos nosotros para negarlo? Esos pensamientos vienen del enemigo. Mejor, centremos nuestra mirada en el Creador, que nos valora y abraza.
Dios proveyó salvación para cada día
Al permitir que naciéramos, Dios tomó las providencias para que viviéramos seguros, felices y satisfechos, cubriendo todas nuestras necesidades físicas y espirituales. Por medio de nuestros padres terrenales nos proveyó el alimento físico de cada día, y por medio de su Palabra nos dio el alimento espiritual diario. El texto bíblico dice: «Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro» (Salmos 139:16, NTV). La Palabra no habla de mes, semestre, trimestre ni año, sino de día. ¿Por qué solamente día?
Así como dependemos diariamente del pan material para alimentar el físico, necesitamos también del pan espiritual para alimentar el alma. En un orden de prioridad superior, Cristo dijo: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4).
Cada día es una oportunidad que Dios nos da para la salvación. Un estudio serio de la Palabra de Dios nos conduce al hecho de que la salvación es por un día, un día a la vez.
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lucas 9:23).
«Mañana tras mañana me despierta y me abre el entendimiento a su voluntad» (Isaías 50:4, NTV).
Dios estableció un programa diario
Por todo lo que ya vimos, podemos concluir con seguridad que Dios tiene un programa diario para nuestra vida en su Palabra, porque somos especiales.
Podemos deducir además que el diablo también tiene una planificación diaria para nuestra vida, fuera de la Palabra de Dios. Él quiere que pensemos en cualquier cosa menos en Dios. Estoy tan ocupado, tengo tantos compromisos, tantas deudas que pagar, tanto tiempo viajando al trabajo… Esas cosas no son malas en sí mismas, pero nos pueden distraer de lo esencial: pasar tiempo con nuestro Creador.
Inevitablemente, tenemos que optar por uno de estos programas. Somos libres de escoger tanto uno como el otro, pero no somos libres para escoger las consecuencias de nuestra decisión. Un programa nos acercará al Cielo y facilitará que Dios nos ayude y bendiga; el otro nos alejará del plan de Dios para nuestra felicidad.
Para reflexionar: «Todo lo que tenemos que hacer se refiere al día de hoy. Hoy hemos de ser fieles a nuestro cometido. Hoy hemos de amar a Dios con todo el corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hoy hemos de resistir las tentaciones del enemigo y obtener el triunfo mediante la gracia de Cristo. Así estaremos velando y esperando la venida de Cristo. Debiéramos vivir cada día como si fuera el último de nuestra existencia en esta tierra. Si supiéramos que Cristo viene mañana, ¿no diríamos hoy todas las palabras bondadosas y realizaríamos todos los actos abnegados que pudiéramos?» (Elena G. de White, En los lugares celestiales, p. 357).
Desafío para hoy: Reflexiona hoy en el plan que Dios tiene para ti. ¿Qué indicios del plan de Dios ves en tu rutina? ¿En qué momentos sientes que Dios quiere hablarte?


