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El pasado sábado 27 de junio, la iglesia de Timoneda vivió una jornada memorable de confraternización, aprendizaje y profunda reflexión espiritual. Bajo el inspirador título «Tú el Alfarero, y yo el barro soy», este programa especial estuvo dedicado a los hermanos de 60+, convirtiéndose en un testimonio vivo de que el crecimiento espiritual y el compañerismo no tienen edad.

jornada 60+ iglesia Timoneda

LECCIONES DESDE EL TORNO DEL ALFARERO

La mañana comenzó con una analogía práctica y conmovedora basada en las Sagradas Escrituras, dirigida por el pastor Javier Moliner. Inspirados en el pasaje de Jeremías 18:1-6, los asistentes participaron en un taller de alfarería guiado por el maestro artesano Juan Lorenzo.

El momento cumbre llegó cuando dos valientes voluntarios, Sergio y Cristina, intentaron dar forma a un jarrón sobre el torno. Aunque el barro no cooperó como se esperaba, la aparente «desventura» se transformó en la lección espiritual más valiosa del día: la imperfección de los intentos humanos resalta nuestra necesidad absoluta de rendirnos en las manos del Gran Alfarero. Así aprendimos que solo bajo el tacto amoroso de Dios somos moldeados correctamente a Su imagen.

COMUNIÓN, REFRANES Y SABIDURÍA

Tras alimentar el espíritu, la hermandad compartió una deliciosa comida fraternal. Este espacio de sobremesa no solo nutrió los cuerpos, sino que consolidó los lazos de amor y comunión entre los presentes.

Por la tarde, la actividad continuó con talleres dinámicos que conectaron la cultura con la fe. En concreto, se analizó el refranero popular español a la luz de la sabiduría eterna del libro de Proverbios. Posteriormente, una mesa redonda y tertulia abierta permitió a los hermanos expresar con naturalidad sus vivencias, coincidiendo todos en la misma conclusión: lo más práctico y seguro para la vida cristiana es ponerse en las manos de Dios.

El día terminó de la mejor manera: cantando juntos los himnos del programa. Esas canciones nos recordaron el hermoso regalo que el Señor nos dio ese sábado y nos hicieron pensar, con mucha ilusión, en el gran reencuentro que nos espera en la Nueva Jerusalén junto a Jesús. ¡En Timoneda nos despedimos con el corazón lleno y el firme deseo de volver a encontrarnos!

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