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Mi madre, Olga Pérez Flores, pasó al descanso el 3 de abril de 2026. La ceremonia en memoria de su vida tuvo lugar el domingo 5 en la Iglesia Adventista de Zaragoza-Torrero.

Mi madre estuvo 18 días en el hospital Sant Joan de Déu, en Sant Boi de Llobregat. A pesar de su situación, fue una paciente ejemplar, mostrando siempre agradecimiento por la atención recibida. Tuvo la oportunidad de dar testimonio de su fe, especialmente a dos sanitarios con los que estableció una excelente relación.

Aun así, su deseo era ser trasladada a su domicilio para seguir con sus cuidados paliativos. Finalmente, un miércoles, los médicos consideraron que era lo mejor.

Toda mi familia da gracias a Dios por los técnicos de la ambulancia, por la doctora, la enfermera y la asistente social del equipo de PADES, quienes la acompañaron y nos brindaron un trato cercano.

Durante la última semana pudimos acompañar a mi madre día y noche. Le mostramos todo el amor posible y no la dejamos sola ni un momento. Fueron días muy intensos, pero en todo momento sentimos que el Señor estaba a nuestro lado.

Nos despedimos de ella cantando uno de sus himnos favoritos, «Padre amado», con la esperanza puesta en el día de la resurrección de los que descansan en Cristo.

Datos Personales

Olga Pérez Flores nació el 20 de febrero de 1946 en El Dorado, Sinaloa (México), hija de Enrique y Rosenda. Cuarta hija de quince hermanos. Fue una de las precursoras de la familia en la fe adventista. Desde joven tuvo el deseo de recibir educación adventista y así poder servir a la iglesia. 

Con mucho esfuerzo se decidió por ir a lo que hoy es la Universidad Adventista de Montemorelos. En este cetro educativo conoció a mi padre.  Contrajo matrimonio con Eliasib Sánchez el 9 de noviembre de 1972. De su amor nací yo y mis hermanas: Mayary y Yadira. 

Juntos formamos una familia pastoral que tuvo el privilegio de servir a la iglesia en México y a partir de 1990 a la Iglesia Adventista en España.

Siempre juntos

Olga aceptó el llamado ministerial junto a mi padre. Siempre desde un plano discreto pero fundamental, cuidó de nuestra familia y apoyó el desarrollo de la labor pastoral. El ministerio de mi padre no habría sido lo mismo sin el apoyo incondicional de mi madre.

Desde sus inicios en el sur de México, pasaron por diferentes lugares y asumieron diversas responsabilidades, tanto en asociaciones como en la antigua Unión Mexicana.

Después «cruzamos el charco» y llegamos al distrito de Zaragoza; más tarde, estuvieron juntos en Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat.

Dios y la iglesia contaron con ellos para liderar, durante 10 años, el departamento de Ministerio Personal y Escuela Sabática. Esto los llevó a recorrer juntos las iglesias de toda la península, Baleares y Canarias. Además, colaboró con ALIALE visitando iglesias latinas en varios países de Europa.

Antes de la jubilación, colaboró en las iglesias de Barcelona-Urgell y Barcelona-El Clot. Incluso tras jubilarse, acompañó a mi padre para servir en las iglesias de Logroño, Calahorra, Soria y Barcelona-Guinardó.

Olga siempre apoyó la labor ministerial de quien fue su compañero de vida durante más de 50 años.

Testimonio

En estas semanas, mi madre recibió algunas visitas en el hospital; para ella fue muy significativo poder despedirse de amigos y hermanos con quienes mantuvo una estrecha amistad. También recibió mensajes que le leíamos en distintos momentos del día.

Quiero destacar uno en especial, de mi tía Mireya Meza:

“Querida cuñada, mi plan era visitarte en España, pero no fue posible. Sin embargo, agradezco a Dios por todos los milagros realizados para que tu hermano Francisco pudiera estar contigo. Quiero agradecerte de todo corazón todo lo que has hecho por nosotros. Hablar de Olga es hablar de Eliasib y viceversa. Siempre juntos y unidos. Desde que los conocí, los admiré por su entrega a Dios, su cristianismo transparente, su dedicación por sus hijos y su preocupación por sus padres. Siempre sirviendo fielmente a la iglesia. Destaco su ayuda incondicional a sus hermanos y su ministerio a favor de los más necesitados. Lo han dado todo sin esperar nada. Recuerdo que una vez me dijo que, cuando se iba a casar, le comentó a Eliasib: ‘Yo no voy a predicar’. No se necesita estar detrás de un púlpito para hacerlo. Has predicado siempre con tu ejemplo. Has formado una hermosa familia, siempre con un hogar lleno de orden y limpieza. Siempre tan detallista que incluso a mí me traías algún regalo cuando venías a vernos. Gracias por tu preocupación desde joven por tu hermano Francisco. Los consejos y el apoyo que le diste dieron su fruto; Dios te usó para cambiar su vida. Aunque la distancia sea mucha, el amor de Dios nos acerca. Un abrazo lleno de admiración y respeto. Te quiero mucho. Cristo viene pronto”.

Agradecimiento

Toda mi familia agradece a Dios porque hemos sentido su presencia en todo momento. Aunque estamos tristes, nos consuela saber que mi madre descansa en Cristo y que lo siguiente para ella será ver a Jesús volviendo en gloria.

Quiero agradecer a la Iglesia Adventista de Zaragoza-Torrero y a su pastor, Rubén García, por permitirnos realizar la ceremonia en memoria de mi madre.

Asimismo, agradezco a la Unión Adventista por su comprensión y por todas las facilidades brindadas para poder estar con ella. Al pastor Richard Ruszuly por su apoyo y cercanía. También a mis compañeros Alex Pinilla, Petar Panev, Amarildo Guimaraes y Luis Quijano, por cubrir mi ausencia en el distrito de Bizkaia.

A los ancianos y ancianas de las iglesias de Bilbao y Donostia, por hacer posible que el último sábado de vida de mi madre pudiera estar a su lado.

Y finalmente, gracias a todos los amigos que nos acompañaron el día de la ceremonia, y a los hermanos y hermanas de diferentes iglesias por sus oraciones y mensajes de ánimo.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Juan 6:40

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Revista Adventista de España
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