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TE veo«Lo veo». Una encuesta/una canción. Estadísticas del estado de la infancia adventista en España. Necesitamos VER realmente a nuestros niños. 

Hay una canción de Marcos Vidal… de hecho una de las que le hicieron ganar el reciente Grammy de música latina cristiana, que se titula: «Lo veo».

Comienza diciendo:

«Sé que no lo ves, pero hay un halo luminoso
Alrededor de tu cabeza que me ciega
Y hay un ángel blanco que se asoma a tu mirada
Y acompaña tus pisadas y te lleva»

Es una canción que él escribe para su esposa. Una preciosa declaración de su amor, pero sinceramente… yo esto lo veo en cada niño, ¿no os pasa a vosotros?

Miradas que cambian destinos

No puedo evitar mirarles y saber que mi mirada, tu mirada, nuestras miradas, pueden definir sus destinos. ¿Acaso no somos conscientes de que a penas han pasado unas décadas en nuestras vidas, pero lo demás sigue igual? Nuestros sueños, nuestros gustos, lo que admiramos, lo que despreciamos. La vida no nos cambia tanto. Sin embargo, un adulto significativo, para un niño, puede representar un cambio rotundo de camino (y de destino).

«Pero yo… Lo veo, lo veo», continúa diciendo Marcos…

«El Rey te invitó a su castillo
Y puso en tus ojos su brillo
Y yo lo veo, lo veo
Dirás que me falta un tornillo
Pero lo veo»

Resultados más significativos de la encuesta

Estas últimas semanas pude conocer de cerca cuántos de ellos (los niños) tenemos entre nosotros (adultos adventistas en España). No todas las iglesias contestaron a la encuesta que realizamos a pastores y líderes de infancia, pero haciendo un cálculo de probabilidades, según el buen porcentaje que sí contestó, tenemos unos 3.000 niños menores de 15 años entre nosotros, el 15% de nuestra población adulta adventista. Es un porcentaje bajo de infancia. Habla de una población que tiende al «envejecimiento».

¿Sabéis cuántos de estos niños y jovencitos menores de 15 años están bautizados? El 4%, eso significa: 4 de cada 100. Y ¿sabéis algo más? Apenas un poco más de un cuarto de nuestras iglesias les ofrecen estudios bíblicos.

Claro, es inevitable que vuelva Marcos con su canción a mi mente y diga:

«Sé que has escuchado algunas voces
Que han llegado a convencerte de que tú no vales nada
Y es todo un milagro ver que sigues trabajando
Con la misma intensidad, como si nada
Pero no te vayas a creer las mil mentiras
Que te gritan al oído tus gigantes
Oye bien mi voz, que te conozco como nadie
Y sé quién eres hoy, y sé quién eras antes
Y siempre…
Lo veo, lo veo»

Una mirada especial

Creo que si miramos hacia atrás, veremos con claridad quién nos vio cuando éramos niños. Quien vio realmente en nuestro interior con esa mirada que proyectaba a Jesús. Una mirada divina con el poder de recrear en nosotros un futuro lleno de posibilidades, disponibles para sumar a una causa, un propósito mayor, una esperanza.

Tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer, de cada niño de nuestra iglesia, un futuro hijo de Dios: practicante, comprometido, dispuesto a darlo todo. Ese niño solamente necesita que le veamos.

Pero ¡cuidado! Esa mirada no dice algo así como: «te voy a bautizar» (con ojos que engordan los números). Esa mirada, en cambio, les dice a nuestros niños y adolescentes algo así como lo diría Marcos:

«Escúchame, cuando pasen inviernos oscuros
De noches muy frías
Que puede que yo haya quedado para recordarte
Que todos los días te miro y…
Lo veo, lo veo».

Nuestros hijos: nuestra prioridad

Esta certeza no tiene pago, no hay forma de impactar más a una vida que la seguridad de saber que hay, incondicionalmente, «otro» para nosotros, dispuesto a estar a nuestro lado, pase lo que pase. Que nuestros hijos estén bautizados, es un lindo objetivo, pero no es el objetivo correcto.

Decir que 4 de 100 están bautizados puede quizá estar diciéndonos que tristemente no les estamos viendo, que no son nuestra prioridad. Miramos hacia afuera continuamente, queremos convertir a otros, visitar a otros, cuidar a otros, pero nuestros hijos están allí, y nosotros creemos que eso significa que «están con nosotros» (que creen igual), pero no les vemos de verdad.

Gracias Marcos por esa canción. Quiero seguir viendo a cada niño que pase por mi vida del modo en que lo dices tú:

«El Rey te invitó a su castillo
Y puso en tus ojos su brillo
Y yo lo veo, lo veo
Te prometo que lo veo
Dirás que estoy loco, perdido
Dirás que me falta un tornillo
Pero lo veo»

Autora: Maijo Roth, directora del Ministerio de Infancia, Adolescencia, Familia y 60Plus (MIAF+) de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

Nota de la autora: Si quieres ver algunos datos más precisos de los resultados que arrojó la encuesta, te dejamos dos imágenes con el análisis y las consideraciones tomadas de estos resultados:

 

Revista Adventista de España