“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.
Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente,
Cuando la lluvia llena los estanques.
Irán de poder en poder;
Verán a Dios en Sion”.

Salmo 84:5-7

Cuando confiamos plenamente en Dios, obtendremos fuerza de flaquezas. Dios será quien nos esfuerce, quien nos dará ánimo para seguir adelante cuando parece que nos agotamos. Cuando hacemos nuestros los consejos que Dios nos da en su Palabra, cuando en nuestro corazón están “sus caminos”, nuestra forma de comportarnos cambiará radicalmente ante las circunstancias adversas. Haremos de un valle de lágrimas un lugar de fuentes y manantiales, seremos capaces de convertir las adversidades en bendiciones. Cuando llueva, en vez de lamentar el mal tiempo, daremos gracias porque se llenan los estanques que nos dan provisión de agua para el futuro.

Con la ayuda de Dios, seremos capaces de convertir lo negativo en positivo, lo hiriente en bendición. De este modo, Dios nos seguirá dando fuerzas en la medida en que aprendamos a gestionar las dificultades e iremos “de poder en poder”, creciendo más y más en carácter y espíritu. El final de todo esto es glorioso, llegar a ver a Dios en la Tierra Nueva.

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