Hemos visto en el primer artículo el lenguaje como la partícula de Dios. Hoy nos vamos a centrar en el lenguaje animal. ¿Los animales tienen la facultad de hablar?

Todos recordamos todavía a los admirados marineros enamorados de bellas sirenas mitad pescado mitad mujer, que llevaron a los atribulados hombres rudos de mar a lanzarse a la muerte buscando a su enamorada. ¿Leyenda o realidad? ¿Quiénes eran aquellas sirenas? La verdad es que no podemos afirmar que su cuerpo era escultural si creemos en la realidad de que eran ballenas las tales damas.

Hemos concluido que el lenguaje humano es ilimitado en sus expresiones, aprendido y convencional, creativo y flexible.

Concluimos también que no sólo lo tenemos a nivel verbal, sino también la comunicación no verbal, mediante gestos, olores, colores, entonación, maquillaje, ropa, adornos, tatuajes, etc.

Pero si nos fijamos en el lenguaje verbal podemos ver que se comunican a través de gritos, gestos, sonidos, movimientos y olores. El calamar, por ejemplo, emplea un color para comunicarse.

A través de los sonidos, por ejemplo, los pájaros tienen un oído muy desarrollado y cada especie tiene un canto diferente. Todos podemos recordar como parte de los recuerdos del verano como las chicharras frotan una parte del cuerpo contra la otra para indicar que se « mueren » de calor y anunciando el buen tiempo.

Las ballenas jorobadas y los delfines se comunican por medio de ‘cantos’ que pueden escucharse a muchos kilómetros de distancia. Sólo los machos de las ballenas cantan, cada canción puede durar 30 minutos, y repetirla muchas veces. Los científicos han descubierto que las ballenas recuerdan una misma canción año tras año, cambiándola y agregándole nuevas partes.

Los adultos y las crías de ciertas especies tienen un lenguaje elaborado a base de sonidos, que les permite reconocerse mutuamente en medio de una multitud, dar aviso de peligro, solicitar alimento. Por ejemplo, las crías de cocodrilo producen sonidos cuando están listas para nacer, para que su madre desentierre los huevos y ellas puedan salir.

Algunas especies de monos al notar algún enemigo se dan señales para evitar el peligro.

Todos aquellos que disfrutamos de tener un perro, nos damos cuenta de todo lo que nos quiere decir: si les reñimos y agachan las orejas y meten la cola entre las patas, indica que se someten. Si un gato te mira fijamente, indica que la hora de juego se ha acabado y que es hora de que lo dejes en paz.

Algunas veces, los machos de algunas especies de aves tienen vistosos colores que muestran para cautivar a las hembras despistadas. Todos nos deleitamos al ver los pavos reales machos cuando despliegan su hermosa cola, pero en realidad no es a nosotros a quienes quieren ligar, sino a su posible pareja. Algunos peces cambian de color y se muestran brillantes sólo en la época de apareamiento para llamar la atención a las hembras.

Seguro que aparecen en tus vagos recuerdos algún orín de macho que marca territorio. Los hipopótamos abren sus bocas para asustar a otros machos y que éstos desaparezcan de su vista. No pocas veces hasta nos intimidan a nosotros.

También los animales tienen un olfato que es un poderoso comunicador. Estas feromonas influyen en en el comportamiento de otro animal.

Un perro macho puede detectar, a varios kilómetros de distancia, el olor de una hembra en calor, salir en busca de ella y encontrarla.

El tacto también es fundamental en la comunicación. Muchos monos se abrazan y se limpian unos a otros. Con esto fortalecen los sentimientos de pertenencia a una manada.

Es útil ver a los elefantes bebés cómo no son diestros con sus trompas y cuando se desplazan la pegan a la cola de la madre, como si fueran cogidas de la mano. También emplean la trompa para saludarse y acariciarse, aparte del uso tradicional de beber, comer, arrancar trozos de tronco, etc.

Cuando un macho serpiente encuentra a una hembra dispuesta, se le insinúa pasando no de ella, sino por encima de ella frotando las pieles de ambas.

Quizás desconozcas que las hormigas se lamen y se rozan cada momento para reforzar los vínculos sociales.

Un caso extraordinario y digno de mencionar aquí es que cuando una abeja encuentra alimento, transmite la información al resto de amigos. Me recuerda el caso de los leprosos que cuando Israel estaba asediada y ellos descubrieron alimentos, corrieron a avisar al pueblo hambriento. La danza famosa en forma de 8, sirve para indicar la distancia desde la colmena a la fuente de alimento, el grado de orientación respecto al sol y la cantidad que hay.

Regocijamos nuestra vista con las alas de las mariposas cuando en realidad sus colores y diseños artísticos están diseñados por nuestro Creador para atraer a sus amadas.

Y en época de reproducción, las hembras de los mosquitos, mueven sus alas emitiendo vibraciones.

También algunos peces usan señas eléctricas que utilizan para el cortejo y para la orientación.

Finalmente podemos concluir que la diferencia entre el lenguaje humano y el animal es la doble articulación, es decir, las expresiones lingüísticas están formadas de elementos con contenido semántico que no poseen los animales. Igualmente la reacción de la comunicación animal se basa en estímulos externos y no estudia el alfabeto para poder expresarse, sino que son sonidos.

Foto: (cc) cyclewidow/Flickr.

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