Semana de Oración JAE: REVOLUCIÓN, la reforma que cambió el mundo

SEAMOS REALISTAS

No estoy segura de cuándo, dónde, o por qué comenzó, ni siquiera sé cómo comenzó; ocurrió sin que me diera cuenta. En muy poco tiempo, los juegos para móviles se convirtieron en una droga para mí, arreglaban todos mis problemas. ¡En serio! No importaba lo malo que hubiera sido mi día, si podía echar una partida al juego de las palabras Words with Friends, tanto si ganaba como si perdía, me sentía bien. Ya no me preocupaban los problemas de ese momento, ni siquiera necesitaba tener a nadie alrededor… Si podía echar unas partidas con mis «amigos», estaba contenta. Words with Friends es un juego en línea en el que participan dos personas, y el objetivo es formar tantas palabras como sea posible (no hay dinero de por medio).

No me malinterpretes… No soy una persona antisocial que no necesita compañía humana; al revés, una de mis mayores necesidades es relacionarme con otras personas. Crié a tres hijos, así que estaba acostumbrada a tener a niños (y luego adolescentes) en mi casa casi todo el tiempo. Fue algo maravilloso, pero, de repente, me quedé sola. Yo, una persona anclada en la rutina, acostumbraba a cuidar de mi familia durante más de 20 años, de un día para otro me quedé sola, y ese tipo de soledad puede llegar a ser muy dolorosa y confusa. Cuanto mayor es la necesidad, mayor es el riesgo de traición y de daño.

Cuando descubrí que la vida puede ser muy dolorosa, los juegos para el móvil llegaron a mi vida como un regalo del cielo. Se convirtieron en mi amigo nocturno y rutinario durante el fin de semana.

Sí, soy adicta, pero soy cristiana.

No debería sentirme sola ya que siempre puedo hablar con Dios acerca de ello. Nuestros hijos no se quedarán con nosotros para siempre; la idea es que los entrenemos para que se conviertan en miembros de la sociedad independientes y contribuyentes. Es necesario que se marchen, pero ¿a qué me condujo aquella situación? A pasarme dos o más horas por la noche jugando con el móvil con personas elegidas al azar a las que nunca conoceré. Me sentía segura; no me dolía, no sentía rechazo, nadie podía traicionarme. Nada. Cero riesgos.

Después de trabajar durante un tiempo en este proyecto de Semana de Oración, pensé en todo el ciclo de la Reforma. Pensé en lo que es necesario para llevar a cabo un cambio real, y decidí que eso es lo que iba a hacer. En mi búsqueda de permanecer en Cristo, tendré que cambiar mi manera de pensar. Tengo que tener cuidado; entretenerse con juegos de palabras en un teléfono móvil es algo muy inocente. No es un «pecado», ni siquiera es una tentación, comenzó solo como un entretiempo. Sin embargo, el peligro radica en que todo lo que pueda apartar tu mente de Jesús; cualquier cosa que pueda intentar reemplazar lo que solo él puede dar, es un ídolo. No está bien, es así de simple. El camino de vuelta atrás también es fácil, pero requerirá disciplina. Ya no dedicaré dos o más horas por la noche y un sinnúmero de fines de semana jugando con personas a quienes no conoceré nunca. En su lugar, dedicaré todo ese tiempo e innumerables fines de semana a ese alguien a quien espero conocer un día.

Elena G. de White dijo: «La Divinidad coopera con la humanidad en la tarea de elevar y purificar el carácter. Cuando el poder transformador de Dios se apodere del alma, se producirá un cambio radical» (Signs of the Times, 29 de julio de 1889, párrafo 9). Ese es mi deseo, que mi carácter sea purificado.

Si estás luchando como lo hice yo, quizás te ayude seguir una rutina para mejorar tu comunicación con el Señor. Te cuento cuál era mi plan:

1. Haz una oración.

2. Dedica al menos 30 minutos por la mañana a leer la Biblia (yo necesito esa rutina, puedes elegir cualquier hora del día, la que mejor se adecúe a tu día a día).

3. Ve a trabajar, estudia o realiza cualquier actividad diaria que debas llevar a cabo.

4. Dedica un tiempo a relajarte.

5. De nuevo, dedica al menos 30 minutos por la mañana a leer la Biblia (yo necesito esa rutina, puedes elegir cualquier hora del día, la que mejor se adecúe a tu día a día).

6. Haz una oración.

7. Vete a descansar.

Martín Lutero dijo una vez: «No es posible ser cristiano sin orar, igual que no es posible vivir sin respirar». La lectura de la Biblia y la oración son importantes para mí. La experiencia me ha enseñado que cuando doy prioridad a la oración, mi conexión especial con el Señor se fortalece. Me encanta leer y escribir notas, y me encanta poder hacerlo juntos; orar y leer la Biblia. Me siento mucho más cerca de Dios cuando hago eso. Dios siempre nos hablará de maneras que no solo nos transformarán de dentro hacia afuera, sino que también nos ayudarán a comprender mejor quiénes somos realmente y qué nos impulsa.

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Author María Manderson, Asistente Editorial en el Dpto. de Jóvenes de la A.G.